Cuando se habla de salud, resulta cada vez es más evidente que no se puede entender el cuerpo humano sin tener en cuenta a los billones de microorganismos que conviven con nosotros. Y muy en especial, a la microbiota intestinal, que se ha convertido en uno de los grandes protagonistas de la investigación biomédica en las últimas décadas.
Muy alejado de ser simples «acompañantes», estos microorganismos participan activamente en funciones esenciales: nutrición, metabolismo, protección e, incluso, moduladoras del sistema inmunitario, influyendo de forma directa en nuestro equilibrio fisiológico.
En este artículo profundizaré un poco más en qué es la microbiota intestinal, cómo se distribuye a lo largo del tracto digestivo, qué funciones cumple y por qué su diversidad es un indicador clave de salud, integrando la evidencia científica actual y con una mirada desde la Psiconeuroinmunología (PNI).
La microbiota intestinal es el conjunto de microorganismos que habitan en el intestino humano. Incluye, principalmente a:
- Bacterias.
- Arqueas.
- Hongos.
- Virus y bacteriófagos.
En conjunto forman un ecosistema complejo y dinámico que se adapta al entorno intestinal y a las condiciones del huésped. Cuando hablamos del conjunto de genes de estos microorganismos, nos referimos al microbioma.
Se estima que el intestino humano alberga más de 10¹³–10¹⁴ microorganismos, con un peso total cercano a 1 ó 2 kg, lo que lo convierte en uno de los «órganos» metabólicos más activos del cuerpo.
La microbiota a lo largo del tubo digestivo: no es igual en todas partes
Uno de los aspectos clave es que la microbiota no es homogénea en todo el tracto gastrointestinal. Cada región presenta condiciones físico-químicas distintas que determinan qué microorganismos pueden prosperar. Y en cada uno de estos lugares, regiones o áreas predominan determinados tipos de especies de microorganisos. Es decir, ¡hay diferentes hábitats!
Estómago y duodeno
- pH ácido.
- Presencia de bilis y enzimas digestivas.
- Tránsito rápido.
- Baja densidad microbiana (≈10³–10⁴ bacterias/g).
Aquí predominan microorganismos resistentes al ácido, como algunos Streptococcus, Lactobacillus y, en ciertos casos, Helicobacter.
Yeyuno e íleon
- pH progresivamente más neutro.
- Menor oxígeno.
- Más nutrientes disponibles.
- Densidad creciente (hasta ≈10⁷ bacterias/g).
Aparecen géneros como Enterococcus, Streptococcus, Lactobacillus, Veillonella, Bacteroides o Clostridium.
Colon (intestino grueso)
- Ambiente estrictamente anaerobio.
- Tránsito lento.
- Gran cantidad de restos no digeridos.
- Máxima densidad microbiana (≈10¹¹–10¹² bacterias/g).
Predominan bacterias anaerobias estrictas de los filos:
- Bacillota (anteriormente conocidos como firmicutes).
- Bacteroidetes.
- Actinobacteria.
- Verrucomicrobia.
- Proteobacteria. Estos menor proporción.
Aquí encontramos géneros como Faecalibacterium, Roseburia, Ruminococcus, Bacteroides, Prevotella, Akkermansia, Bifidobacterium, entre otros. Estos grupos son realmente relevantes.
Esta distribución explica por qué distintas regiones del intestino cumplen funciones fisiológicas diferentes y por qué la microbiota colónica es especialmente relevante en fermentación y producción de metabolitos (estas son las sustancias químicas que pueden determinar tu estado de salud).
¿De qué está compuesta la microbiota intestinal?
Aunque las bacterias son el grupo más estudiado y abundante, la microbiota intestinal humana incluye en su conjunto a:
- Bacterias. Responsables de la mayor parte de las funciones metabólicas.
- Arqueas. Como Methanobrevibacter smithii, implicadas en el metabolismo del hidrógeno y muy relevante para las personas que padecen estreñimiento.
- Hongos. Tambíen llamado micobioma, con géneros como Candida o Saccharomyces.
- Virus y fagos. Que regulan poblaciones bacterianas e influyen en la estabilidad del ecosistema.
La mayoría de estudios se centran en bacterias porque son más abundantes y fáciles de caracterizar, pero cada vez hay más interés en entender el papel del resto de comunidades.
Funciones de la microbiota
Función nutricional
Función metabólica
Esto explica por qué dos personas pueden responder distinto al mismo alimento o medicamento: su microbiota es diferente.
Función protectora
Y atención a esto:
Desde una perspectiva ecológica, un ecosistema diverso y estable es más resistente a invasiones externas.
Inmunidad: educando al sistema inmune desde el intestino
La microbiota intestinal contribuye al desarrollo, maduración y mantenimiento del sistema inmunitario.
¿Por qué? El intestino alberga alrededor del 70% del sistema inmune del organismo (GALT, el sistema inmune asociado al intestino). Aquí, la microbiota:
- Estimula la maduración de linfocitos.
- Modula el equilibrio entre tolerancia e inflamación.
- Favorece la producción de IgA.
- Influye en la diferenciación de T reguladores.
En PNI se habla del intestino como un órgano inmuno-endocrino-neural, donde la microbiota actúa como un regulador central del tono inflamatorio.
Sin esta interacción temprana (especialmente en la infancia), el sistema inmune no se desarrolla de forma adecuada.
Diversidad microbiana: un indicador de salud
La diversidad microbiana es, normalmente, un indicador de salud de nuestra microbiota intestinal.
¿Qué significa diversidad?
La diversidad hace referencia al:
- Número de especies distintas.
- Equilibrio entre ellas.
- Funciones metabólicas representadas.
Una mayor diversidad suele asociarse a:
- Mayor estabilidad ecológica.
- Mayor resiliencia frente a agresiones (dieta, fármacos, infecciones).
- Mejor capacidad funcional.
No se trata solo de «qué bacterias hay», sino de qué funciones puede realizar el ecosistema.
Desarrollo de la microbiota a lo largo de la vida
La microbiota no es fija: cambia con nuestra edad, con el paso del tiempo. Y, desde un enfoque PNI, acompañar estos cambios es clave para promover salud a lo largo del ciclo vital.
En la infancia
- Está influida por tipo de parto, la lactancia y el entorno.
- La diversidad es baja al nacer.
- Y va ganando complejidad en los primeros 2–3 años.
- Los primeros 100 días son determinantes para presentar una diversidad robusta a lo largo de toda la vida.
En la edad adulta
- Se estabiliza.
- Presenta una alta diversidad funcional.
- Está influida por la dieta y el estilo de vida.
En el envejecimiento
- Puede ir disminuyendo la diversidad.
- Se presentan cambios significativos en su composición.
- Están relacionados con la función inmune.
Microbiota intestinal y eje intestino-cerebro
Aunque no es el foco principal de esta publicación, no podemos olvidar que la microbiota:
- Produce neurotransmisores o precursores.
- Modula el nervio vago.
- Influye en el eje HPA (estrés).
- Afecta al estado inflamatorio sistémico.
Esto conecta directamente con la Psiconeuroinmunología: lo que ocurre en el intestino resuena en el cerebro y en la conducta.
¿Y qué relación tiene con la microbiota oral?
Aunque este artículo lo he escrito centrado en la microbiota intestinal, cada vez existe mayor interés en entender la conexión del intestino (y con todo el organismo) con la microbiota oral, pues:
- Ambas forman parte del continuo digestivo.
- Existen pruebas de su capacidad para influirse mutuamente.
- Comparten rutas inmunológicas.
Por eso, ya te había escrito post anteriores sobre salud bucal, candidiasis y el equilibrio oral, porque también pueden serte beneficiosos para comprender cómo funciona tu ecosistema intestinal.
Factores que influyen en la microbiota intestinal
La composición de la microbiota intestinal no es fija ni universal, sino que depende de múltiples factores que interactúan entre sí a lo largo de la vida, como la dieta habitual, la edad, la genética, el uso de medicación (especialmente antibióticos e inhibidores de la bomba de protones), el nivel de estrés, los ritmos de sueño, la actividad física y el entorno en el que vive la persona. Todos ellos (¡todos ellos!) modulan de forma continua el equilibrio, la diversidad y la funcionalidad del ecosistema microbiano intestinal.
Desde esta perspectiva, me resulta inevitalbe compartir contigo la importancia de comprender que ningún tratamiento farmacológico puntual puede sustituir a un trabajo sostenido sobre estos pilares. Intervenciones como Pylera®, metronidazol, rifaximina u otros antibióticos (o, incluso, los concentrados de orégano), aunque puedan tener un papel concreto en determinados contextos clínicos, suelen aplicarse desde un enfoque reactivo, orientado a «apagar fuegos» más que a restaurar el ecosistema. Si no se acompaña de un esfuerzo consciente por reconducir hábitos, fortalecer los puntos fuertes del organismo y crear un entorno biológico favorable, el beneficio de estos tratamientos tiende a ser limitado o transitorio.
Además, estos enfoques desplaza tu locus de control hacia fuera, haciéndote creer que la solución depende exclusivamente de una intervención externa (en este caso una pastilla), cuando en realidad una parte muy relevante del control sobre la salud reside en las decisiones cotidianas que cada persona puede asumir y sostener en el tiempo. Y esta es la clave cuando te calzas las gafas de la PNI.
Conclusión
La microbiota intestinal no es un simple conjunto de microorganismos: es un órgano funcional que participa activamente en:
- La nutrición.
- El metabolismo.
- La protección frente a patógenos.
- El desarrollo y regulación del sistema inmune.
Su diversidad y equilibrio son indicadores clave de salud, y su estudio abre una ventana privilegiada para comprender cómo el entorno, la dieta y el estilo de vida se integran en nuestra fisiología.
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