El papel del propionato en la salud intestinal o ¿cómo mantener una buena salud intestinal?

por | Jun 6, 2024 | salud intestinal | 0 Comentarios

¡Por fin! La salud intestinal emerge como un pilar fundamental en la comprensión integral del bienestar humano. Desde la perspectiva de la psiconeuroinmunología (PNI), el impacto de los procesos del intestino son reconocidos como algo más allá de ser un órgano digestivo. Se considera un complejo centro de interacción entre el sistema nervioso, el sistema inmunitario y la microbiota (tus inquilinos). La ciencia confirma los rumores: eres lo que comes.

En este contexto, el propionato, un compuesto químico producido por las bacterias intestinales, juega un papel crucial. En este artículo, te explicaré en detalle el funcionamiento del propionato en las células intestinales y su impacto en la salud general.

¿Qué es el propionato?

El propionato es un ácido graso de cadena corta (AGCC) o short fatty acid (SFA), en inglés, que se produce principalmente a través de la fermentación de fibra dietética por parte de la microbiota intestinal, la tuya.

Los AGCC, entre los que también se incluyen el acetato y el butirato, son vitales para la salud intestinal y metabólica del organismo, pues tus células intestinales sacan gran provecho de este sustrato y crecen «sanas y fuertes».

La fábrica de propionato

Es en la fermentación de los hidratos de carbono no digeribles (la fibra que comes, la dietética) por parte de las bacterias anaerobias que viven en el colon, es lo que da lugar a la producción de estos codiciados AGCC o SFA para tus células intestinales.

Y fíjate si este tema es profundo, interesante y bonito, que ya se está usando a día de hoy como estrategia de intervención en patologías intestinales como en la Enfermedad de Crohn y en la colitis ulcerosa.

Funciones del propionato en el intestino

El propionato es una molécula que desempeña varias funciones críticas en el intestino. Entre ellas se incluyen:

  • Fuente de energía. Aunque el butirato es la principal fuente de energía para los colonocitos (las células principales del colon), el propionato también puede ser utilizado como sustrato energético, especialmente por las células del hígado tras la absorción intestinal.
  • Regulación del pH. El propionato colabora en el mantenimiento del pH del colon, lo que inhibe el crecimiento de otras bacterias o seres vivos patógenos favoreciendo un ambiente saludable para la microbiota realmente beneficiosa.
  • Propiedades antiinflamatorias. Esta actividad del propionato tiene propiedades cruciales en la prevención y en el manejo de enfermedades inflamatorias del intestino como la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn.
  • Regulación del metabolismo de la glucosa. El propionato puede influir en el metabolismo de la glucosa en el hígado (el principal almacén de rápida distribución), reduciendo los niveles de glucosa en la sangre después de las comidas y mejorando la sensibilidad a la insulina por el resto de células de tu organismo.

De modo que el impacto del propionato no se limita al intestino. Al ser absorbido en el torrente sanguíneo, el propionato ejerce efectos para el resto del organismo que son esenciales para la salud general (sistémica). En otras palabras, el propionato actúa como un combustible eficaz «de los de mecha corta» para las células sin los riesgos asociados a los azúcares, que son otras moléculas distintas metabolizadas por otras rutas químicas y con otros efectos secundarios no tan deseables.

Metabolismo de la glucosa y sensibilidad a la insulina

El propionato puede influir significativamente en el metabolismo de la glucosa. Varios estudios han demostrado que este AGCC ayuda a reducir los niveles de glucosa postprandial (después de las comidas) al actuar sobre el hígado, mejorando así la sensibilidad a la insulina.

Nunca estará demás decirlo, esta regulación es crucial para la prevención y el manejo de condiciones metabólicas disfuncionales como la diabetes tipo II y el síndrome metabólico.

Regulación del sistema inmunitario

El propionato posee propiedades antiinflamatorias que son esenciales para el mantenimiento de una respuesta inmune equilibrada. Al reducir la inflamación, se puede prevenir la activación excesiva del sistema inmunitario que se observa en enfermedades inflamatorias crónicas del intestino y otras condiciones autoinmunes.

Protección contra enfermedades cardiovasculares

La evidencia sugiere que el propionato puede tener un efecto protector contra enfermedades cardiovasculares (este es uno de los secretos de la dieta cetogénica). Esto se debe en parte a su capacidad para reducir la inflamación sistémica y mejorar el perfil lipídico del organismo, reduciendo así el riesgo de aterosclerosis y otras condiciones cardíacas.

La microbiota intestinal y la producción de propionato

La composición de la microbiota intestinal es un factor determinante en la cantidad de propionato producido. Una dieta rica en fibra, especialmente fibra soluble, promueve el crecimiento de bacterias beneficiosas que producen propionato. Además, el equilibrio de la microbiota puede verse afectado por factores como la dieta, el estrés, los antibióticos y el estilo de vida.

Si no tienes SIBO, si te lo han indicado, prescrito o lo estás buscando puedes utilizar biofilm de pileje, un sobre al día diluido en un vaso de agua y recordando siempre que se trata de un suplemento dietético, y que nunca podrá reemplazar una dieta variada y equilibrada ni un estilo de vida saludable.

La microbiota intestinal y la producción de propionato

Para optimizar la producción de propionato, es fundamental mantener una microbiota intestinal saludable. Esto se puede lograr a través de varias estrategias:

  • Consumo de fibra dietética. Incluye en tu dieta alimentos ricos en fibra soluble, como frutas, verduras, legumbres y cereales integrales (como el trigo sarraceno, quinoa o la avena).
  • Probióticos y prebióticos. Los probióticos son microorganismos beneficiosos que se pueden obtener a través de alimentos fermentados como el yogur, el kéfir y el chucrut. Los prebióticos son compuestos no digeribles que promueven el crecimiento de estas bacterias, mohos y levaduras, como la inulina y los fructooligosacáridos. ¡Seguro que en tu tienda ecológica de confianza o herbolario encuentras productos relacionados! También puedes buscar probióticos a la carta en forma de suplementos, y esto es algo que yo suelo hacer mucho en la consulta.
  • Reduce los niveles de estrés. El estrés crónico puede alterar la composición de la microbiota (y mucho). Técnicas de manejo del estrés, como la meditación y el ejercicio regular, pueden ayudar a mantener un equilibrio saludable entre tus poblaciones bacterianas. Si te interesa, házmelo saber y trataré de explicarte el eje intestino-cerebro (encéfalo) condicionado a tu estilo de vida y el estrés mantenido en el tiempo.
  • Por último, evita el uso innecesario de antibióticos. El uso excesivo de antibióticos puede destruir tanto bacterias dañinas como beneficiosas, lo que puede traer como consecuencia un desequilibrio en la microbiota. Eso para tu body, pero es que se está viniendo una buena con la resistencia a los antibióticos y las superbacterias. De hecho, si estás en ese momento vital en el que no sabes qué estudiar, métete en cualquier rama de microbiología ya. Por tí, por mí y por todos los que vendrán detrás. También puedes promocionar mi trabajo y te ayudaré en todo lo que pueda.

Implicaciones clínicas del propionato

El conocimiento sobre el papel del propionato y otros AGCC en la salud intestinal y del organismo en general ha llevado a consideraciones clínicas importantes últimamente. Los tratamientos desde el punto de vista biológico que buscan aumentar la producción de propionato, a través de intervenciones dietéticas o mediante suplementación, podrían tener beneficios significativos para algunos pacientes con una variedad de condiciones.

Terapia nutricional

La terapia nutricional es una estrategia clave para aumentar la producción de propionato. Nutricionistas y terapeutas especializados en PNI (AKA Angel Cuevas PNI) podemos diseñar planes personalizados que optimizan la salud intestinal y la producción de estos ácidos grasos de cadena corta (AGCC).

Terapia nutricional

Aunque la investigación sobre la suplementación directa con propionato todavía es emergente, los resultados iniciales son prometedores. Lo interesante aquí es que los suplementos que contienen propionato o que promueven su producción podrían ser una herramienta útil en el manejo de condiciones metabólicas e inflamatorias. En redes sociales ya he adelantado algo, pero las opciones son infinitas. Desde el incremento de disponiblidad de vitamina D en el colon como medida preventiva de la diverticulitis aguda, hasta el consumo directo de cápsulas de butirato para apoyar el tratamiento de la colitis ulcerosa.

En una palabra: Akkermansia. Y consume con frecuencia yogur de coco (94 % coco en base) con arándanos frescos ecológicos.

La conclusión

La síntesis de propionato por la microbiota intestinal es un proceso vital con amplias implicaciones para la salud. Desde su papel en la regulación del metabolismo de la glucosa hasta sus propiedades antiinflamatorias, el propionato es un componente crucial en la interacción entre el intestino y el resto del organismo. Mantener una microbiota saludable a través de una dieta adecuada, la reducción del estrés y el uso prudente de antibióticos puede optimizar la producción de propionato y, por ende, mejorar la salud general.

Recuerda que en psiconeuroinmunología se entiende que la salud es un complejo equilibrio entre los diferentes sistemas fisiológicos, psicológicos y sociales. Y que el propionato es un ejemplo perfecto de cómo este enfoque integrador puede proporcionar soluciones efectivas y sostenibles para mejorar el bienestar.

Para más información acerca de cómo la psiconeuroinmunología te puede ayudar a alcanzar una salud óptima, no dudes en seguirme o ponerte en contacto conmigo. También puedes solicitar cita para una consulta personalizada, pues como terapeuta PNI, mi enfoque en la microbiota intestinal implica trabajar junto a tí  para equilibrar los microorganismos intestinales, y acompañarte en tu recuperación con efectos positivos en su salud de todo el sistema. Por ejemplo, mediante una dieta variada rica en fibras susceptibles de convertirse en propionato, con probióticos específicos acordes a tu estilo de vida y sintomatología, y acompañándote en la incorporación de hábitos de vida saludables, que repercutan directamente en la mejora de la diversidad de tu microbiota, incluso, reduciendo los síntomas asociados a problemas intestinales o del metabolismo.

En los últimos años, el concepto de permeabilidad intestinal ha pasado a formar parte del lenguaje habitual de muchas personas interesadas en su salud digestiva e inmunológica. Sin embargo, esta popularización no siempre ha ido acompañada de una comprensión profunda de lo que realmente implica la función barrera intestinal, ni del papel central que desempeña la microbiota intestinal en su regulación.

Lejos de ser algo pasivo, que nos va o nos viene según condiciones, es al revés, pues la barrera intestinal constituye un sistema dinámico, altamente regulado, cuya función principal no es impedir el paso de todo, sino regular de forma selectiva qué puede atravesar el epitelio intestinal y en qué condiciones. Comprender esta idea es fundamental para alejarse de interpretaciones simplistas y alarmistas.

Para que nos entendamos. Si hacemos un zoom ultra profundo en el límite que separa una célula intestinal de la otra. Ahí es donde sucede «esto» de la permeabilidad intestinal. Esta barrera actúa (te pongo una analogía) como las puertas automáticas de la estrella de la muerte.

En este artículo voy a profundizar en los componentes de la barrera intestinal, en el concepto fisiológico de la permeabilidad intestinal, en su relación con la microbiota y el sistema inmune, y en las estrategias generales de regulación descritas en la literatura científica (hasta 2024).

La barrera intestinal: una superficie clave para la homeostasis

La «pared» intestinal [un apunte: a nivel histólogico, nos pasa a los biólogos que eso de pared nos suena a bacteria o a planta, pero también sabemos que se aceptan otras formas de hablar en otras disciplinas (FIPAT, 2008; y Miguel Rubio, un gran profesor)]. Bueno, el caso, la «pared intestinal» cubre una superficie aproximada de 400 m², lo que la convierte en una de las mayores interfaces entre el medio externo y el organismo. Su función principal es doble y aparentemente contradictoria: por un lado, permite la absorción de nutrientes, agua y electrolitos, y por otro, evita la entrada incontrolada de antígenos, microorganismos y toxinas.

Para cumplir este papel, la barrera intestinal no puede entenderse como una única estructura, sino como la interacción coordinada de varios sistemas. Clásicamente, se distingue entre una barrera externa o física y una barrera interna o funcional, cuya comunicación constante permite mantener una permeabilidad equilibrada.

Componentes de la barrera intestinal

El epitelio intestinal: una monocapa altamente especializada

La barrera intestinal está formada por una monocapa continua de células epiteliales, organizadas de forma polarizada y unidas entre sí por complejos proteicos que garantizan tanto la integridad estructural como la funcionalidad del tejido. Es decir, entre tú y el mundo sólo hay una línea de células, como estas:

Permeabilidad intestinal

Dentro del epitelio intestinal se encuentran distintos tipos celulares, cada uno con funciones específicas:

  • Enterocitos. Constituyen aproximadamente el 80 % de la barrera y participan activamente en la absorción de nutrientes.
  • Células caliciformes. Encargadas de producir el moco que recubre la superficie intestinal. Esto es algo muy a tener en cuenta cuando hablemos de microbiota.
  • Células de Paneth. Secretan péptidos antimicrobianos y contribuyen al control del ecosistema microbiano.
  • Células enteroendocrinas. Liberan hormonas y neuropéptidos implicados en la regulación digestiva y metabólica.
  • Células M. Especializadas en la presentación de antígenos al sistema inmune asociado a la mucosa.

Esta diversidad celular refleja que la barrera intestinal no es una simple pared, sino un órgano sensorial, inmunológico y metabólico.

La capa de moco: primera línea de contacto con la microbiota

Otro componente fundamental de la barrera intestinal es la doble capa de moco. La capa más externa constituye el hábitat principal de la microbiota intestinal, mientras que la capa interna, es más densa, y limita el contacto directo de los microorganismos con el epitelio.

Esta organización permite una convivencia controlada entre el huésped y su microbiota, favoreciendo funciones beneficiosas sin comprometer la integridad del epitelio. Alteraciones en la cantidad o calidad del moco pueden modificar esta interacción, afectando a la función barrera.

Uniones intercelulares: el control fino de la permeabilidad

Las células epiteliales están conectadas entre sí y a la membrana basal mediante uniones intercelulares, que regulan el paso de moléculas entre el espacio luminal y el compartimento interno. Estas uniones se clasifican en tres grandes grupos: uniones estrechas, uniones de anclaje y uniones comunicantes.

Uniones estrechas (las famosas tight junctions)

Son las uniones más apicales y desempeñan un papel primordial en el mantenimiento de la permeabilidad selectiva. Están formadas por complejos multiproteicos que incluyen proteínas como ocludina, claudinas, JAM y tricelulina, y su función es limitar el paso paracelular de iones y macromoléculas.

La permeabilidad intestinal no depende de la apertura o cierre absoluto de estas uniones, sino de su regulación reversible, que permite adaptar el paso de sustancias a las necesidades fisiológicas.

Uniones de anclaje

Incluyen los desmosomas y las uniones adherentes, que conectan el citoesqueleto de las células vecinas y aportan resistencia mecánica al epitelio.

Uniones comunicantes (gap junctions)

Permiten la comunicación directa entre los citoplasmas celulares mediante canales formados por conexinas, facilitando el intercambio de iones y pequeñas moléculas.

El sistema inmune y el sistema nervioso entérico

En la parte más interna de la barrera intestinal se localiza el sistema inmune asociado a la mucosa, encargado de reconocer antígenos y toxinas y de activar respuestas inmunes específicas cuando es necesario.

Junto a él, el sistema nervioso entérico, organizado en los plexos mientérico y submucoso, conecta la barrera intestinal con el sistema nervioso autónomo, integrando señales mecánicas, químicas e inmunológicas. Desde un enfoque de Psiconeuroinmunología, esta interacción es clave para entender cómo el intestino actúa como un centro regulador sistémico.

¿Qué es la permeabilidad intestinal?

La permeabilidad intestinal se define como una característica funcional de la barrera intestinal, cuantificable mediante las tasas de flujo de moléculas a través del epitelio. No es un fenómeno patológico en sí mismo, sino una propiedad fisiológica necesaria para la vida.

La permeabilidad está en estrecha relación con:

  • La microbiota intestinal comensal.

  • Los elementos del sistema inmune de la mucosa.

  • El estado del epitelio y de la capa de moco.

Diversos factores pueden modularla, como cambios en la microbiota, alteraciones del moco, daño epitelial, dieta, alcohol o características del estilo de vida.

Diagnóstico de la permeabilidad intestinal: qué se puede medir y qué no

Desde el punto de vista experimental y clínico, la evaluación de la permeabilidad intestinal puede realizarse mediante diferentes aproximaciones.

  1. Estudios experimentales. La cámara de Ussing fue una de las primeras herramientas utilizadas para estudiar la función barrera, permitiendo medir el transporte activo de iones en muestras de tejido intestinal. Su uso está limitado a entornos de investigación.
  2. Diagnóstico in vivo en humanos. En humanos, la evaluación funcional de la permeabilidad se realiza mediante:
    • Pruebas con macromoléculas. Como lactulosa, manitol o L-ramnosa, que se administran por vía oral y se detectan posteriormente en orina.

    • Biomarcadores de integridad epitelial. Que incluyen moléculas de adhesión solubles y marcadores de inflamación o inmunidad.

Es importante señalar que estas pruebas no miden directamente «agujeros» en el intestino, sino patrones de paso molecular (el paso de estas sustancias) que deben interpretarse en contexto.

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