Beneficios y perjuicios del uso de Ozempic (semaglutida): guía completa

por | Mar 6, 2025 | salud intestinal | 0 Comentarios

Introducción

Ozempic (o semaglutida) es un medicamento ampliamente utilizado para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y, más recientemente, como apoyo en la pérdida de peso. Su eficacia y popularidad lo han convertido en un tema de interés tanto para pacientes como para profesionales de la salud. En este artículo, te voy a contar cuáles son sus beneficios y sus riesgos basados en la evidencia científica.

¿Qué es Ozempic y cómo funciona?

El mecanismo de acción

Ozempic pertenece a la clase de fármacos conocidos como agonistas del receptor GLP-1 (Glucagon-Like Peptide-1; es decir, Péptido-1 similar al glucagón) y funciona imitando la acción de la hormona incretina, por lo que ayuda a regular el azúcar en sangre estimulando la liberación de insulina, inhibiendo la producción de glucosa en el hígado y ralentizando el vaciado gástrico.

Usos aprobados y alternativos

  • Control de glucosa en pacientes con diabetes tipo 2.
  • Reducción del riesgo cardiovascular en pacientes con diabetes y enfermedad cardíaca establecida.
  • Uso fuera de etiqueta para pérdida de peso en personas con obesidad o sobrepeso.

La cosa promete, sobre todo de cara a 2025: beneficios del uso de Ozempic

 

  1. Control del azúcar en sangre. Estudios clínicos (como este) han demostrado que Ozempic reduce significativamente los niveles de HbA1c (prueba de hemoglobina glicosilada) ya da igual si quieres engañar a tu médico, lo va a ver en la analítica, mejorando el control glucémico.
  2. Reducción del peso corporal. En ensayos clínicos, algunos pacientes tratados con semaglutida lograron una pérdida de peso entre el 10-15 % de media en seis meses, un efecto relevante en el manejo de la obesidad (La Nature).
  3. Protección cardiovascular. El Ozempic ha mostrado reducir en un 20 % el riesgo de eventos cardiovasculares graves, como infartos y accidentes cerebrovasculares (mismo).
  4. Posibles beneficios neuroprotectores. Investigaciones preliminares sugieren que podría tener un papel en la prevención de la Enfermedad de Alzheimer y otros trastornos neurodegenerativos (En New Scientist). Ojalá sepamos algo más en el transcurso de este año.

Pero no todo el monte es orégano: perjuicios y efectos secundarios en el uso de los agonistas GLP-1

 

  1. Problemas gastrointestinales. Los efectos adversos más comunes incluyen náuseas, vómitos, diarrea y estreñimiento. Nada sorprendente en un botellón, pero, pese a que estos síntomas suelen ser leves, pueden llevar a la deshidratación si no se manejan correctamente (Shu et al., 2022).
  2. Riesgo de pancreatitis. Se ha reportado inflamación del páncreas en algunos pacientes. Es fundamental monitorear cualquier síntoma de dolor abdominal severo y consultar al médico inmediatamente, sobre todo si notas dolor en la región abdominal izquierda.
  3. Potencial riesgo de tumores tiroideos. Estudios en animales han identificado un aumento en el riesgo de cáncer medular de tiroides. Aunque no está confirmado en humanos, se recomienda evitar el uso en personas con antecedentes familiares de este tipo de cáncer.
  4. Problemas renales y vesiculares. Se ha observado un incremento en el riesgo de cálculos biliares y daño renal, especialmente en pacientes deshidratados o con problemas renales preexistentes.

La conclusión

En definitiva, Ozempic es un medicamento altamente eficaz para el control de la diabetes tipo 2 y como atajo para la pérdida de peso, pero debe utilizarse con precaución y siempre, siempre bajo supervisión médica. Su combinación con cambios en el estilo de vida, como una dieta antiinflamatoria y actividad física, puede maximizar sus beneficios. Sin embargo, es crucial estar alerta a los posibles efectos secundarios y contraindicaciones. Antes de comenzar cualquier tratamiento, realiza una entrevista de evaluación exhaustiva con tu médico para determinar si Ozempic es adecuado para el caso que estés planteando.

En los últimos años, el concepto de permeabilidad intestinal ha pasado a formar parte del lenguaje habitual de muchas personas interesadas en su salud digestiva e inmunológica. Sin embargo, esta popularización no siempre ha ido acompañada de una comprensión profunda de lo que realmente implica la función barrera intestinal, ni del papel central que desempeña la microbiota intestinal en su regulación.

Lejos de ser algo pasivo, que nos va o nos viene según condiciones, es al revés, pues la barrera intestinal constituye un sistema dinámico, altamente regulado, cuya función principal no es impedir el paso de todo, sino regular de forma selectiva qué puede atravesar el epitelio intestinal y en qué condiciones. Comprender esta idea es fundamental para alejarse de interpretaciones simplistas y alarmistas.

Para que nos entendamos. Si hacemos un zoom ultra profundo en el límite que separa una célula intestinal de la otra. Ahí es donde sucede «esto» de la permeabilidad intestinal. Esta barrera actúa (te pongo una analogía) como las puertas automáticas de la estrella de la muerte.

En este artículo voy a profundizar en los componentes de la barrera intestinal, en el concepto fisiológico de la permeabilidad intestinal, en su relación con la microbiota y el sistema inmune, y en las estrategias generales de regulación descritas en la literatura científica (hasta 2024).

La barrera intestinal: una superficie clave para la homeostasis

La «pared» intestinal [un apunte: a nivel histólogico, nos pasa a los biólogos que eso de pared nos suena a bacteria o a planta, pero también sabemos que se aceptan otras formas de hablar en otras disciplinas (FIPAT, 2008; y Miguel Rubio, un gran profesor)]. Bueno, el caso, la «pared intestinal» cubre una superficie aproximada de 400 m², lo que la convierte en una de las mayores interfaces entre el medio externo y el organismo. Su función principal es doble y aparentemente contradictoria: por un lado, permite la absorción de nutrientes, agua y electrolitos, y por otro, evita la entrada incontrolada de antígenos, microorganismos y toxinas.

Para cumplir este papel, la barrera intestinal no puede entenderse como una única estructura, sino como la interacción coordinada de varios sistemas. Clásicamente, se distingue entre una barrera externa o física y una barrera interna o funcional, cuya comunicación constante permite mantener una permeabilidad equilibrada.

Componentes de la barrera intestinal

El epitelio intestinal: una monocapa altamente especializada

La barrera intestinal está formada por una monocapa continua de células epiteliales, organizadas de forma polarizada y unidas entre sí por complejos proteicos que garantizan tanto la integridad estructural como la funcionalidad del tejido. Es decir, entre tú y el mundo sólo hay una línea de células, como estas:

Permeabilidad intestinal

Dentro del epitelio intestinal se encuentran distintos tipos celulares, cada uno con funciones específicas:

  • Enterocitos. Constituyen aproximadamente el 80 % de la barrera y participan activamente en la absorción de nutrientes.
  • Células caliciformes. Encargadas de producir el moco que recubre la superficie intestinal. Esto es algo muy a tener en cuenta cuando hablemos de microbiota.
  • Células de Paneth. Secretan péptidos antimicrobianos y contribuyen al control del ecosistema microbiano.
  • Células enteroendocrinas. Liberan hormonas y neuropéptidos implicados en la regulación digestiva y metabólica.
  • Células M. Especializadas en la presentación de antígenos al sistema inmune asociado a la mucosa.

Esta diversidad celular refleja que la barrera intestinal no es una simple pared, sino un órgano sensorial, inmunológico y metabólico.

La capa de moco: primera línea de contacto con la microbiota

Otro componente fundamental de la barrera intestinal es la doble capa de moco. La capa más externa constituye el hábitat principal de la microbiota intestinal, mientras que la capa interna, es más densa, y limita el contacto directo de los microorganismos con el epitelio.

Esta organización permite una convivencia controlada entre el huésped y su microbiota, favoreciendo funciones beneficiosas sin comprometer la integridad del epitelio. Alteraciones en la cantidad o calidad del moco pueden modificar esta interacción, afectando a la función barrera.

Uniones intercelulares: el control fino de la permeabilidad

Las células epiteliales están conectadas entre sí y a la membrana basal mediante uniones intercelulares, que regulan el paso de moléculas entre el espacio luminal y el compartimento interno. Estas uniones se clasifican en tres grandes grupos: uniones estrechas, uniones de anclaje y uniones comunicantes.

Uniones estrechas (las famosas tight junctions)

Son las uniones más apicales y desempeñan un papel primordial en el mantenimiento de la permeabilidad selectiva. Están formadas por complejos multiproteicos que incluyen proteínas como ocludina, claudinas, JAM y tricelulina, y su función es limitar el paso paracelular de iones y macromoléculas.

La permeabilidad intestinal no depende de la apertura o cierre absoluto de estas uniones, sino de su regulación reversible, que permite adaptar el paso de sustancias a las necesidades fisiológicas.

Uniones de anclaje

Incluyen los desmosomas y las uniones adherentes, que conectan el citoesqueleto de las células vecinas y aportan resistencia mecánica al epitelio.

Uniones comunicantes (gap junctions)

Permiten la comunicación directa entre los citoplasmas celulares mediante canales formados por conexinas, facilitando el intercambio de iones y pequeñas moléculas.

El sistema inmune y el sistema nervioso entérico

En la parte más interna de la barrera intestinal se localiza el sistema inmune asociado a la mucosa, encargado de reconocer antígenos y toxinas y de activar respuestas inmunes específicas cuando es necesario.

Junto a él, el sistema nervioso entérico, organizado en los plexos mientérico y submucoso, conecta la barrera intestinal con el sistema nervioso autónomo, integrando señales mecánicas, químicas e inmunológicas. Desde un enfoque de Psiconeuroinmunología, esta interacción es clave para entender cómo el intestino actúa como un centro regulador sistémico.

¿Qué es la permeabilidad intestinal?

La permeabilidad intestinal se define como una característica funcional de la barrera intestinal, cuantificable mediante las tasas de flujo de moléculas a través del epitelio. No es un fenómeno patológico en sí mismo, sino una propiedad fisiológica necesaria para la vida.

La permeabilidad está en estrecha relación con:

  • La microbiota intestinal comensal.

  • Los elementos del sistema inmune de la mucosa.

  • El estado del epitelio y de la capa de moco.

Diversos factores pueden modularla, como cambios en la microbiota, alteraciones del moco, daño epitelial, dieta, alcohol o características del estilo de vida.

Diagnóstico de la permeabilidad intestinal: qué se puede medir y qué no

Desde el punto de vista experimental y clínico, la evaluación de la permeabilidad intestinal puede realizarse mediante diferentes aproximaciones.

  1. Estudios experimentales. La cámara de Ussing fue una de las primeras herramientas utilizadas para estudiar la función barrera, permitiendo medir el transporte activo de iones en muestras de tejido intestinal. Su uso está limitado a entornos de investigación.
  2. Diagnóstico in vivo en humanos. En humanos, la evaluación funcional de la permeabilidad se realiza mediante:
    • Pruebas con macromoléculas. Como lactulosa, manitol o L-ramnosa, que se administran por vía oral y se detectan posteriormente en orina.

    • Biomarcadores de integridad epitelial. Que incluyen moléculas de adhesión solubles y marcadores de inflamación o inmunidad.

Es importante señalar que estas pruebas no miden directamente «agujeros» en el intestino, sino patrones de paso molecular (el paso de estas sustancias) que deben interpretarse en contexto.

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