Inflamación crónica de bajo grado. Claves para recuperar el equilibrio

por | Dic 30, 2024 | inflamacion, psiconeuroinmunología | 0 Comentarios

Una vez acabes de leer esto que te voy a contar dejarás de ver a las personas con los mismos ojos. Existe una verdadera pandemia, silenciosa y que sabotea la salud desde dentro. A esto sí que se puede llamar hackeo de salud, pero para entender bien la causa es necesario que vayamos por partes…

 

¿Qué es la inflamación crónica de bajo grado?

 

Para definirla hay que hablar de cuáles son los mecanismos que propician su aparición (su fisiopatología)

La inflamación crónica de bajo grado es un proceso inflamatorio leve y persistente que afecta al organismo de manera sistémica (es decir, a todo el cuerpo). Se diferencia de una inflamación aguda (la que es inmediata y localizada cuando tenemos infecciones o lesiones), por su carácter sigiloso y que se va desencadenando durante un intervalo prolongado de tiempo.

Este tipo de inflamación suele estar asociada a alteraciones metabólicas y a desequilibrios inmunológicos que desencadenan daños progresivos en otros tejidos.

Si hablásemos en términos de fisiología, se caracteriza por un aumento en los niveles circulantes de citocinas proinflamatorias como la interleuquina-6 (IL-6) y el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) (ten presente o recuerda este último). Estas moléculas circulantes activan rutas de señalización inflamatoria que perpetúan el estado de inflamación allá donde se vayan acomplando. Las células que lo detectan se quedan como en un estado a medio camino entre la alarma y la calma. Inician cascadas metabólicas relacionadas con la inflamación, pero al final «no era para tanto». Para que nos entendamos, lo compararía con algo parecido a cuando andas medio molesto/a por algún motivo no específico que no sabes gestionar y notas que tu día ya no funciona igual, las cosas ya no son cómo «deberían ser».

 

Factores desencadenantes

La respuesta rápida: estrés, dieta y estilo de vida. De verdad, no hay trucos, el estrés crónico, una dieta proinflamatoria rica en grasas trans y azúcares refinados, la abundante disponibilidad de omega-6 en todos los productos, el sedentarismo y la falta de sueño son factores clave que contribuyen al desarrollo de esta condición. En el caso del estrés emocional lo que sucede es que puede activar el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA), elevando los niveles de cortisol y alterando la función inmunológica. ¿Quieres saber más acerca del cómo? Déjamelo anotado en los comentarios o escríbeme por redes sociales.

 

El impacto en las enfermedades crónicas

La inflamación crónica de bajo grado está vinculada con múltiples patologías como la diabetes tipo 2, obesidad, enfermedades cardiovasculares, depresión y trastornos neurodegenerativos como la Enfermedad de Alzheimer. Además, promueve el envejecimiento prematuro a través de un proceso conocido como inflammaging.

¿Cuál es la relación entre inflamación y el sistema psico-endocrino?

  • El papel del eje HPA (hipotálamo-hipófisis-adrenal). El eje HPA regula la respuesta al estrés mediante la liberación de cortisol. Sin embargo, en situaciones de estrés prolongado, esta regulación se vuelve disfuncional, lo que perpetúa un estado inflamatorio y empiezan a aparecer síntomas que pueden relacionarse con esta la cascada consecuente de desequilibrios.
  • Las citocinas proinflamatorias y su efecto en el encéfalo. Las citoquinas proinflamatorias pueden atravesar la barrera hematoencefálica, alterando la neurotransmisión y favoreciendo síntomas de ansiedad y depresión.
  • Conexión entre inflamación y disfunción cognitiva. Se sugiere que el incremento de mediadores inflamatorios como la proteína C reactiva (PCR) está asociado con deterioro cognitivo leve y un mayor riesgo de demencia.

 

Estrategias para regular la inflamación a través de la PNI

  • Abordaje integral: mente, cuerpo y emociones. La psiconeuroinmunología propone una intervención con una visión global que integra técnicas de relajación, meditación, actividad física moderada y una dieta antiinflamatoria.
  • Intervenciones en hábitos alimenticios y gestión del estrés. Se promueve el consumo de alimentos antiinflamatorios como frutas, verduras, cúrcuma y omega 3, así como la práctica de yoga o mindfulness para reducir el estrés.
  • Importancia de la actividad física y un sueño eficaz y reparador. El ejercicio físico moderado y un sueño de calidad ayudan a reducir la inflamación sistémica y optimizar la función inmune.

 

El papel del omega 3 como agente antiinflamatorio

¿Qué son los ácidos grasos omega 3?

Los ácidos grasos omega 3, como el EPA y DHA, son componentes esenciales presentes en pescados grasos y semillas que tienen propiedades antiinflamatorias probadas. Sus mecanismos de acción antiinflamatoria se debe a que un buen equilibrio entre omega 3 y omega 6, promueven la inhibición de la producción de eicosanoides proinflamatorios y favorecen la síntesis de resolvinas y protectinas, lo que se traduce en una resolución eficaz de los procesos inflamatorios silientes. Además, sus beneficios en patologías inflamatorias y mentales, como la depresión, está cada vez más corroboarada. Hay estudios que respaldan su uso en la reducción de síntomas de depresión, ansiedad y enfermedades autoinmunes. ¿¡Quién iba a pensar en todo lo que se podía liar por un nutriente esencial!?

 

Conclusión

La inflamación crónica de bajo grado es un problema silencioso pero relevante que afecta múltiples aspectos de la salud. La psiconeuroinmunología ofrece herramientas prácticas para abordar esta condición desde un enfoque integral, priorizando el equilibrio mental, físico y emocional. El omega 3, por su potente acción antiinflamatoria, se posiciona como un aliado fundamental en este proceso.

 

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En los últimos años, el concepto de permeabilidad intestinal ha pasado a formar parte del lenguaje habitual de muchas personas interesadas en su salud digestiva e inmunológica. Sin embargo, esta popularización no siempre ha ido acompañada de una comprensión profunda de lo que realmente implica la función barrera intestinal, ni del papel central que desempeña la microbiota intestinal en su regulación.

Lejos de ser algo pasivo, que nos va o nos viene según condiciones, es al revés, pues la barrera intestinal constituye un sistema dinámico, altamente regulado, cuya función principal no es impedir el paso de todo, sino regular de forma selectiva qué puede atravesar el epitelio intestinal y en qué condiciones. Comprender esta idea es fundamental para alejarse de interpretaciones simplistas y alarmistas.

Para que nos entendamos. Si hacemos un zoom ultra profundo en el límite que separa una célula intestinal de la otra. Ahí es donde sucede «esto» de la permeabilidad intestinal. Esta barrera actúa (te pongo una analogía) como las puertas automáticas de la estrella de la muerte.

En este artículo voy a profundizar en los componentes de la barrera intestinal, en el concepto fisiológico de la permeabilidad intestinal, en su relación con la microbiota y el sistema inmune, y en las estrategias generales de regulación descritas en la literatura científica (hasta 2024).

La barrera intestinal: una superficie clave para la homeostasis

La «pared» intestinal [un apunte: a nivel histólogico, nos pasa a los biólogos que eso de pared nos suena a bacteria o a planta, pero también sabemos que se aceptan otras formas de hablar en otras disciplinas (FIPAT, 2008; y Miguel Rubio, un gran profesor)]. Bueno, el caso, la «pared intestinal» cubre una superficie aproximada de 400 m², lo que la convierte en una de las mayores interfaces entre el medio externo y el organismo. Su función principal es doble y aparentemente contradictoria: por un lado, permite la absorción de nutrientes, agua y electrolitos, y por otro, evita la entrada incontrolada de antígenos, microorganismos y toxinas.

Para cumplir este papel, la barrera intestinal no puede entenderse como una única estructura, sino como la interacción coordinada de varios sistemas. Clásicamente, se distingue entre una barrera externa o física y una barrera interna o funcional, cuya comunicación constante permite mantener una permeabilidad equilibrada.

Componentes de la barrera intestinal

El epitelio intestinal: una monocapa altamente especializada

La barrera intestinal está formada por una monocapa continua de células epiteliales, organizadas de forma polarizada y unidas entre sí por complejos proteicos que garantizan tanto la integridad estructural como la funcionalidad del tejido. Es decir, entre tú y el mundo sólo hay una línea de células, como estas:

Permeabilidad intestinal

Dentro del epitelio intestinal se encuentran distintos tipos celulares, cada uno con funciones específicas:

  • Enterocitos. Constituyen aproximadamente el 80 % de la barrera y participan activamente en la absorción de nutrientes.
  • Células caliciformes. Encargadas de producir el moco que recubre la superficie intestinal. Esto es algo muy a tener en cuenta cuando hablemos de microbiota.
  • Células de Paneth. Secretan péptidos antimicrobianos y contribuyen al control del ecosistema microbiano.
  • Células enteroendocrinas. Liberan hormonas y neuropéptidos implicados en la regulación digestiva y metabólica.
  • Células M. Especializadas en la presentación de antígenos al sistema inmune asociado a la mucosa.

Esta diversidad celular refleja que la barrera intestinal no es una simple pared, sino un órgano sensorial, inmunológico y metabólico.

La capa de moco: primera línea de contacto con la microbiota

Otro componente fundamental de la barrera intestinal es la doble capa de moco. La capa más externa constituye el hábitat principal de la microbiota intestinal, mientras que la capa interna, es más densa, y limita el contacto directo de los microorganismos con el epitelio.

Esta organización permite una convivencia controlada entre el huésped y su microbiota, favoreciendo funciones beneficiosas sin comprometer la integridad del epitelio. Alteraciones en la cantidad o calidad del moco pueden modificar esta interacción, afectando a la función barrera.

Uniones intercelulares: el control fino de la permeabilidad

Las células epiteliales están conectadas entre sí y a la membrana basal mediante uniones intercelulares, que regulan el paso de moléculas entre el espacio luminal y el compartimento interno. Estas uniones se clasifican en tres grandes grupos: uniones estrechas, uniones de anclaje y uniones comunicantes.

Uniones estrechas (las famosas tight junctions)

Son las uniones más apicales y desempeñan un papel primordial en el mantenimiento de la permeabilidad selectiva. Están formadas por complejos multiproteicos que incluyen proteínas como ocludina, claudinas, JAM y tricelulina, y su función es limitar el paso paracelular de iones y macromoléculas.

La permeabilidad intestinal no depende de la apertura o cierre absoluto de estas uniones, sino de su regulación reversible, que permite adaptar el paso de sustancias a las necesidades fisiológicas.

Uniones de anclaje

Incluyen los desmosomas y las uniones adherentes, que conectan el citoesqueleto de las células vecinas y aportan resistencia mecánica al epitelio.

Uniones comunicantes (gap junctions)

Permiten la comunicación directa entre los citoplasmas celulares mediante canales formados por conexinas, facilitando el intercambio de iones y pequeñas moléculas.

El sistema inmune y el sistema nervioso entérico

En la parte más interna de la barrera intestinal se localiza el sistema inmune asociado a la mucosa, encargado de reconocer antígenos y toxinas y de activar respuestas inmunes específicas cuando es necesario.

Junto a él, el sistema nervioso entérico, organizado en los plexos mientérico y submucoso, conecta la barrera intestinal con el sistema nervioso autónomo, integrando señales mecánicas, químicas e inmunológicas. Desde un enfoque de Psiconeuroinmunología, esta interacción es clave para entender cómo el intestino actúa como un centro regulador sistémico.

¿Qué es la permeabilidad intestinal?

La permeabilidad intestinal se define como una característica funcional de la barrera intestinal, cuantificable mediante las tasas de flujo de moléculas a través del epitelio. No es un fenómeno patológico en sí mismo, sino una propiedad fisiológica necesaria para la vida.

La permeabilidad está en estrecha relación con:

  • La microbiota intestinal comensal.

  • Los elementos del sistema inmune de la mucosa.

  • El estado del epitelio y de la capa de moco.

Diversos factores pueden modularla, como cambios en la microbiota, alteraciones del moco, daño epitelial, dieta, alcohol o características del estilo de vida.

Diagnóstico de la permeabilidad intestinal: qué se puede medir y qué no

Desde el punto de vista experimental y clínico, la evaluación de la permeabilidad intestinal puede realizarse mediante diferentes aproximaciones.

  1. Estudios experimentales. La cámara de Ussing fue una de las primeras herramientas utilizadas para estudiar la función barrera, permitiendo medir el transporte activo de iones en muestras de tejido intestinal. Su uso está limitado a entornos de investigación.
  2. Diagnóstico in vivo en humanos. En humanos, la evaluación funcional de la permeabilidad se realiza mediante:
    • Pruebas con macromoléculas. Como lactulosa, manitol o L-ramnosa, que se administran por vía oral y se detectan posteriormente en orina.

    • Biomarcadores de integridad epitelial. Que incluyen moléculas de adhesión solubles y marcadores de inflamación o inmunidad.

Es importante señalar que estas pruebas no miden directamente «agujeros» en el intestino, sino patrones de paso molecular (el paso de estas sustancias) que deben interpretarse en contexto.

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